viernes, 23 de enero de 2009


Todo comenzó cuando sus vidas se cruzaron en aquel lugar. Aquel amor que parecía superar cualquier barrera, obstáculo o distancia. Un amor apasionado, profundo, desesperado como ningún otro. Pero llego un día en que tuvieron que separarse. Él había escapado de su país para sobrevivir; la falta de trabajo y el hambre arrasaban con la población. Decidió entonces ir a probar suerte y conseguir un lugar para formar una familia junto a ella. Prometió regresar a buscarla cuando tuviera un horizonte claro. Todas las semanas recibiría noticias de él. Sería como si nunca se hubiese ido. Y de hecho así lo hizo. Todos los días de la semana ella esperaba sus cartas y en cada una él le transmitía tan dulces palabras, tan apasionadas líneas que ella sentía sus caricias, sus besos y abrazos y su compañía como si nunca se hubiera ido. Ella era su todo. Su alba y su luna, su vida o su muerte. Sus manos, sus ojos, su piel. Él también vivía en ella.Así pasó el tiempo, pero aún así conservaban la pasión del primer día. Su amor seguía intacto, su alegría y su angustia, de no tener sus cuerpos juntos, de no poder sentirse, besarse, ni abrazarse.Su regreso estaba próximo. Pero para darle una sorpresa, decidió despistarla con una broma. Una broma que nunca tendría que haberse cruzado por su cabeza. Escribió una carta. En ésta le decía que su amor se había desgastado, que no podían seguir estando a kilómetros de distancia y que ya no la amaba. Que no lo buscara ni le contestase porque no quería saber nada de ella. Al terminarla, escribió una segunda carta donde le confesaba que era una broma, que la deseaba hasta lo más profundo de su cuerpo y que volvería a buscarla. Le pedía que contestara para indicarle el lugar apropiado para encontrarse y amarse para siempre.Pero por esas cosas del correo, la segunda carta nunca llegó. Ella jamás volvió a responderle. Consternada huyó de ese lugar que simbolizaba la espera de un amor que nunca llegaría.El tiempo pasó y la flor fresca y viva ahora estaba marchita y muerta. Encontró en su huida a alguien que tapara su vacío. Pero nunca lo pudo amar. Su pelo que antes había sido negro azabache ahora era de un color grisáceo; su cara víctima del paso de los años y donde todavía quedaban rastros de aquellas manos, ahora estaba llena de pliegues. Pero volvió. Debía hacerlo para descansar en paz. Ver por última vez el lugar donde conoció el amor, donde su vida se convirtió en una primavera y más tarde en un oscuro invierno, Y vio entonces pasar su vida. Recordando cada momento, cada instante. Todas las cartas escritas sentada en aquel sillón y aquellas que esperaba tan ansiosamente y apretaba contra su pecho largas horas esperando que regresara.Alguien golpeó a su puerta. Un hombre con una carta en la mano, amarillenta y rugosa, pidiendo disculpas por la tardanza, pero que había sido encontrada después de mucho tiempo. Su dolor fue aun más terrible que el que sintió al leer la angustiosa carta, la que había provocado su muerte interna.Se quedó sola, con la carta en su mano, esperando por un amor que podría haber sido y nunca fue.